Ya suenan los campanos del carnaval !!!!!

22 01 2008
2 de Febrero de 2008

« DEL CARNAVAL EN LIÉBANA »

Hablar en Liébana de Antruído es hablar de zamarrones, de campanos, de caras pintadas de negro, de máscaras, de pieles, de cornamentas, de escobas y escobazos.Los zamarrones son el personaje por excelencia de los antiguos carnavales en la zona. No sabemos muy bien el significado exacto de la palabra “zamarrón”, que entronca con los zamarrones blancos del valle de Polaciones, con los zarramacos de Silió, con los guirrios, zangarrones, peliqueiros, ioldunak y tantos y tantos de otros puntos de España y Europa. El único dato que tenemos es que bajo una acepción similar se conocían en las antiguas tribus cántabras a los grupos de jóvenes guerreros, sin olvidar la relación con fiestas paganas de los romanos de comienzo de año. Si a esto añadimos los elementos comunes a estos personajes como son el blanco de los ropajes, las pieles y elementos animales y los campanos como elemento ahuyentador del mal, la teoría parece cobrar peso. 

Por desgracia, el presente en nuestro valle es tan globalizado como desesperanzador; por eso amigo/a que nos lees, te pedimos que no te quedes quieto, que no guardes silencio, no vaya a ser que los zamarrones se duerman para siempre porque nadie hizo nada por ellos. 

Tras esta pequeña introducción de las mascaradas de invierno, os vamos a explicar a grandes rasgos las celebraciones en Liébana del Carnaval. La finalidad de nuestros talleres y Escuelas de Música y Baile Tradicional no es generar grandes músicos o danzantes, sino conseguir que la cadena de la tradición oral no se rompa completamente, intentando aportar a los más pequeños desde su mundo ya globalizado y trabajando a través de los juegos, las canciones, los instrumentos y los ritos un mayor conocimiento de su propia cultura, “la de andar por casa” que les permita asimilar y entender que las diferencias suponen riqueza y que además permita que nuestro patrimonio etnográfico sobreviva.

Por eso, a quiénes leáis esto, os agradeceríamos que hicierais de nexo, de abuelos de los que vivían en casa y contaban los cuentos, ayudaban a preparar los trajes y cantaban las retahílas de canciones infantiles a los más pequeños. Sabemos que esto os llegará justito de tiempo, pero en cualquier caso, si lo intentáis. GRACIAS 

Si bien los zamarrones variaban bastante de unos valles a otros de la comarca, os explicamos: Los zamarrones salían desde el sábado por la mañana hasta el domingo. No solían salir muchos, pues eran normalmente dos o tres mozos en cada pueblo, que ataviados según el uso del pueblo y provistos de escobas o palos, recorrían las callejas en busca de su objetivo, que no era otro  que los niños, los cuales no se disfrazaban. Su diversión era salir a la calle haciendo sonar los campanos, llamando con ello a los zamarrones. Cuando estos los descubrían comenzaban las persecuciones, carreras,… que no cesaban hasta que el niño se rendía tirando el campano. 

Unido a esto estaban las comparsas que variaban de unos pueblos a otros. Los de Cosgaya, pasaban la Collada y llegaban a Dobarganes, Enterrías, Vejo y Ledantes con la comparsa de “la tiona”. Los de Mogrovejo, Redo, Brez, Tanarrio y Los Llanos con “el del sombrero de copa y la vieja que baila”. Los de Bedoya bajaban a Castro y de ahí subían a Pendes e incluso algún año llegaban hasta Cabañes. Y así iban los mozos de pueblos a pueblos, uniéndose a la comparsa cada día más gente y haciendo noche en pajares y cuadras para continuar la fiesta hasta el miércoles. Estas comparsas iban cantando por las casas y pidiendo chorizos, huevos o lo que fuere para después cenarlo cada día. De ahí queda el chascarrillo: 

SÁBADO FRISULERU,

DOMINGO TORREZNERU,

LUNES, BUEN PUCHERU,

MARTES, EL GALLÓN,

Y MIÉRCOLES, SE ACABÓ LA FUNCIÓN.  

describiendo la comida o cena de cada día y haciendo referencia el sábado a los frisuelos, el domingo a los torreznos, el lunes a un cocido y el martes a una gallina o buen pollo.

Al día de hoy únicamente los vecinos/as de los pueblos de Los Cos, Piasca alerones, y algunos años los del valle de Bedoya hacen sonar los campanos cada antruído con tal fuerza y saber, que los viejos zamarrones no tienen más remedio que salir a Perseguir a jóvenes y niños sin descanso. Desde El Ciliembru, nuestra admiración más sincera al Concejo de Piasca y a sus gentes, porque cada Carnaval es diferente en el Valle gracias a ellos; sabe a Liébana, huele a Liébana y rezuma sabiduría popular.  

El sábado al atardecer, si no hay cambios de última hora y si se escucha algún campano, pues…. Puede ser…. ¿quién sabe? Que algún zamarrón aparezca por Piasca, Lerones o incluso Potes. Sería conveniente que los niños/as supieran de qué se trata y lo identificaran de tal manera que disfrutaran con el juego/persecución. Os pedimos por tanto como enorme favor, que les contéis la historia de los zamarrones, que alguien lleve algún campano o esquila pequeña para llamar a los zamarrones, porque si no, no pueden aparecer y sería una lástima que se tuvieran que quedar encerrados de nuevo en los libros de etnografía. 

El dibujo que adjuntamos lo ha hecho con todo mino y cariño Gustavo Cotera, pensando en los niños/as de El Ciliembru y basado en datos y fotografías que posee de sus labores de investigación del Carnaval en Liébana. Los zamarrones de la parte superior son del pueblo de Avellanedo y el de la máscara y el capirote de Piasca. El texto que incluimos también corresponde al mismo autor en su exquisita descripción de los ropajes carnavalescos.

 Nada más. Gracias de antemano y…

¡¡Feliz Carnaval!!

                   Ilustración Zamarrones Liébana - Gustavo Cotera

En Liébana, los Zamarrones de Piasca y pueblos limítrofes perseguían con especial saña a los críos que salían a tocar los campanos por Carnaval. Apenas la chiquillería columbraba los temidos cucuruchos , escapaban cada uno por un lado; algunos, sabiendo que si soltaban el esquilón las máscaras desistían de darles alcance, tiraban tan comprometida carga al río o a un bardal; pero era un deshonor infantil dejarse arrebatar el campano por aquellos pavorosos monstruos, por más engulleran los niños crudos y arreasen unos escobazos que alampaban.

Lo cierto es que daba respeto ver venir por la sierra aquella horda espectral, en muda y velocisima carrera, desventíus abajo: vestían los Zamarrones de blanco, las jaldetas de la camisa fuera, quizá como ramplón sucedáneo de las enaguillas que trajeran en otras épocas: escarapelas de largas caídas salpicaban el traje aquí y allá, y una pañoleta de flecos ceñía el pescuezo; de él arrancaba un horripilante marcarón en piel de oveja, conejo, zorro o asno, donde una serie de despojos de distintos animales -orejas de liebre o de venado, retorcidos cuernos de meco (chivo) o de marón (carnero), picos ganchudos, crines bermejas, colmillos de jabalín…- recreaban un ser de pesadilla, capaz de codearse con los más ilustres demonios tibetanos; fundíase a la más cara un cucurucho tan exageradamente alto que dejaba chiquitos a cuantos capirotes han sido, y es cosa increíble que con tamaño pináculo en la cabeza corrieran como centellas, dando escobazos a mansalva; todo el chapirón iba recubierto de papeles de seda con largas tiras de lo mismo ondeando al viento.

(Del libro “El traje en Cantabria“, Gustavo Cotera, 1999)

Ver albúm de fotos del Carnaval de los Zamarrones en Potes 2007

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Ver albúm de fotos del Carnaval de los Zamarrones en Piasca 

(Socios de Honor del Ciliembru, por la conservación de la tradición de sus propios Carnavales)

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